Hay cosas... el otro día, un manitas sueco desarrolló un pequeño dispositivo llamado "Corredor de sonido" en el mercado. Por unos pocos euros, cuesta significativamente menos que un Maserati o un Turbo Porsche, pero con solo tocar un botón permite que el motor gordo deseado suene desde la radio del automóvil. Una especie de prótesis electrónica de desplazamiento para fanfarrones acústicos, apenas más grande que un cargador para un teléfono móvil.
El "dicho" suena dependiente de la velocidad, por supuesto. Al ralentí, burbujea por los altavoces como si estuvieras conduciendo un viejo Ford Mustang, y tan pronto como pisas el acelerador, retumba sonoramente desde el sistema de música. Lo bueno de la ilusión de ruido ligeramente infantil es que se puede apagar en cualquier momento.
El efecto podría incluso ser probado en la ciencia popular. Como prueba, un estudio de la aseguradora inglesa Hiscox en el que se reprodujo el sonido del motor de diferentes autos deportivos a 40 hombres y 40 mujeres cada uno. Sus niveles de testosterona se determinaron mediante una muestra de saliva. El resultado: mientras que el 100 por ciento de las mujeres reaccionaron positivamente al sonido de un Maserati, los hombres liberaron sus hormonas principalmente durante la prueba de escucha de un Lamborghini.
En ambos grupos, sin embargo, el nivel de testosterona disminuyó cuando de repente un VW Polo resopló a través de los auriculares. Conclusión del estudio y mejor argumento a favor del nuevo juguete sueco: ¡El sonido hace sexy!

Mi pregunta es obvia ahora: supongamos que comparas el sonido de tu voz con el "dicho" de un coche: ¿te pondrían los demás en el grupo de los Maserati y los Lamborghini? -¿O a los polos? ¿O incluso a los Trabis? . . .