Una cosa por adelantado: Dudo mucho de la imagen clásica de que hay que ser extrovertido para ser un buen orador. Al igual que en las ventas, el perfil requerido "extrovertido, bocazas, muy orientado a la palabra", etc. Si se examina más de cerca, hoy en día se trata menos de un "discurso bonito", de un "buen hablar", que de resultados medibles en el lado del oyente o del cliente. No importa si el discurso es hermoso, sino lo que desencadena en la audiencia, qué pasos de acción tienen lugar después de la presentación. Es más importante y eficaz si el orador es capaz de escuchar a su audiencia pensar mientras habla que seguir todas las reglas de la retórica clásica en alto alemán agudo y, básicamente, dejar a su audiencia a la intemperie. Los buenos oradores son como los buenos vendedores: piensan menos en su contenido y en sus formas ingeniosas de hablar que en las preocupaciones y deseos de sus oyentes. Porque un buen oyente habla de lo que mueve a sus oyentes.

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